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Guía de Viaje - La Habana, Cuba
La capital de Cuba es una de las ciudades más apasionantes de Latinoamérica; ciertamente, es el principal centro cultural, económico y político del país, y la más grande y poblada urbe de las Antillas. Con más de dos millones de habitantes, y una población flotante de casi medio millón, La Habana representa más del 20% de la población total de Cuba, de ahí que sea además la región más densamente poblada de la Isla.

La Habana es una ciudad que condensa, en su aspecto extraño e irrepetible, el remanente encanto de su pasado colonial y republicano con el atractivo moderno de su acelerado ritmo actual. Por demás, es una ciudad múltiple, plural, de contradicciones y asombros, donde el visitante puede descubrir tanto la desolación y la decadencia de los barrios pobres, como la alegría de vivir de la gente que los habita.

Fundada inicialmente en 1514 en la costa sur de Cuba, con el nombre de San Cristóbal de La Habana, la ciudad sería trasladada en el año de 1519 a su actual emplazamiento, a las márgenes de una protegida bahía de inmejorables condiciones naturales. Pronto se convertiría en el principal puerto del Nuevo Mundo, en donde atracarían cada año buques cargados de oro antes de partir para Europa, lo que contribuyó a atraer la atención de piratas y corsarios franceses, ingleses y holandeses.

Con el fin de proteger sus intereses comerciales en América, la metrópoli española desarrollaría en la ciudad el más impresionante sistema defensivo colonial del Caribe, cuyos valores arquitectónicos se pueden apreciar aún hoy en el Castillo de San Salvador de La Punta, el Castillo de la Real Fuerza, la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, o el Castillo de los Tres Reyes del Morro. Actualmente, el Centro Histórico de La Habana es una pintoresca y bien conservada porción de la ciudad, y está considerado por muchos arquitectos como uno de los más importantes conjuntos coloniales de América.

La historia republicana de La Habana sería tan interesante como su tempestuoso pasado colonial. Desde el año de 1902 y hasta 1959, la ciudad recibiría una notable influencia norteamericana, patente en su pujante desarrollo industrial y en los estilos y tendencias arquitectónicas, pero sobre todo en su moderno estilo de vida. En la ciudad se establecieron lujosos hoteles, casinos, bares, clubes nocturnos; en suma, La Habana se convirtió rápidamente en un paraíso del ocio, lo que le valió el apelativo de «Las Vegas del Caribe». Eran los tiempos de Meyer Lansky, Al Capone y Charles “Lucky” Luciano, los tiempos en que La Habana servía de alivio a las prohibiciones de la Ley Seca en Estados Unidos, y se convertía en sede de convenciones del crimen organizado.

Desde 1959, con advenimiento del nuevo poder socialista, La Habana mudó de espíritu, los anuncios de Coca Cola y Standard Oil Company fueron sustituidos por carteles con las frases de «Viva Fidel» o «Viva la Revolución». Llegaría así la expresiva iconografía socialista al país y a su capital, con los emotivos carteles y anuncios que hoy en día parecen más bien gastados por el tiempo.

La Habana es, a una misma vez, una ciudad decadente y fascinante, de una agitada vida nocturna y cultural, sede de eventos de repercusión internacional como el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, el Festival de Ballet, o el Festival Jazz Plaza. Cada año, la principal urbe de Cuba recibe más de un millón de visitantes extranjeros que pretenden descubrir su secreto encantamiento; algunos no querrán abandonarla jamás.
Centro Habana
Con una extensión de 3,42 km2, Centro Habana es el municipio más pequeño de La Habana, y sin embargo, uno de los más densamente poblados. Entre sus angostas calles, salvaguarda al intenso sol de Cuba, el visitante puede empaparse de cubanía, rodeado por la multiplicidad de olores, sonidos y colores heterogéneos que identifican esta zona de la ciudad. Las fachadas ruinosas de los más variados estilos arquitectónicos acompañan al turista, entre las voces de pregoneros, y lo convidan a sentirse partícipe del universo de razas y culturas que se mixturan en el cubano.

Así, el transeúnte puede visitar tanto el Barrio Chino, único de su tipo en el país, pletórico de restaurantes a precios realmente económicos; como el Callejón de Hamel, donde entre grandes murales y tiendas de colores psicodélicos, puede empaparse de las costumbres y creencias de las religiones afrocubanas. Estas calles son transitadas en transportes particularísimos como los bici-taxi, vehículos de tracción humana, construidos desde bicicletas modificadas, o los cubanísimos coquitos, motocicletas con aspecto de coco, que atraen a los visitantes no solo por su forma peculiar, sino también por la vista panorámica que posibilitan.

Entre los numerosos sitios de interés arquitectónico de la zona sobresale el Palacio de Domingo Aldama, considerado por los especialistas como la residencia más notable del siglo XIX cubano. Este hermoso inmueble, que ha sufrido diversas alteraciones con los años, aún conserva su clásica sencillez y extraordinarias proporciones. Otra edificación relevante por sus valores compositivos es la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrate, sin lugar a dudas una de las construcciones religiosas más pintorescas de La Habana. Al encontrarse ubicada actualmente en una céntrica zona comercial, sus encantos arquitectónicos, en especial su esbelta torre, destacan con facilidad.

Para los amantes de la música la mejor opción es el Palacio de la Rumba, institución inaugurada en 2009 para rendir tributo a los acompasados ritmos afrocubanos. Una de las principales opciones de hospedaje es el Hotel Deauville, agradable centro frente al popular malecón habanero, que permite a sus huéspedes la posibilidad de llegar a conocer las peculiaridades de la capital. Estos y muchos otros lugares contribuyen a hacer de Centro Habana una de las zonas más pintorescas de la ciudad, donde el elemento humano, con el candor y la alegría que identifica al cubano, es el componente primario.
Cerro
Se trata de una historia fascinante: el 8 de mayo de 1589, a raíz de la solicitud de Hernán Manrique de Rojas al Cabildo de La Habana para establecer una estancia en la zona, es que se contempla por vez primera el nombre de El Cerro. El Cerro comenzó siendo una zona de estancias, luego un ingenio hidráulico azucarero y más tarde una capitanía de partido que, con el paso del tiempo, se convertiría en uno de los principales barrios industriales de la ciudad. Sin duda alguna es uno de esos lugares en que la espiritualidad histórica habanera se hace más perceptible.

Con una superficie total de 13,4 km2, una población actual de más de 130 000 habitantes y su posición central en la ciudad, El Cerro es una de las zonas más transitadas y de mayor actividad urbana. En sus calles se combinan disonantemente las edificaciones icónicas del siglo XIX con los cientos de establecimientos industriales, que representan la principal economía del municipio en la actualidad. De hecho, se puede decir que El Cerro inició la tradición industrial en La Habana con los primitivos ingenios azucareros movidos por la fuerza del agua, construidos hacia finales del siglo XVI.

Más tarde, durante los siglos XVII y XVIII los recursos hidráulicos del lugar serían aprovechados en los abundantes molinos de tabaco, y durante el siglo XIX en las fábricas de fósforos y perfumería Sabatés y Crusellas. Las inmensas villas neoclásicas, construidas a lo largo del siglo XIX por el patriciado habanero para sus temporadas de verano, le permiten al visitante recobrar la memoria histórica de la primera región de retiro de la aristocracia habanera. Destacan dentro del conjunto arquitectónico la Casa de José Melgares, la Quinta del Conde de Santovenia, una de las más lujosas de Cuba, la Casa del Marqués de Pinar del Río, y la Casa de Doña Luisa Herrera.

El Cerro también incluye en su territorio los tres acueductos históricos de La Habana: restos de tramos de la Zanja Real, el primer sistema para la conducción de agua en la ciudad; el Acueducto de Fernando VII; y las instalaciones del Acueducto de Albear, proyecto premiado con la medalla de oro durante la exposición de París de 1878, y declarado como una de las maravillas de la ingeniería civil cubana.

Por otra parte, no se puede pasar por alto la pasión deportiva, que define la vida de una buena parte de la gente del Cerro y de La Habana en sentido general. Además de la Ciudad Deportiva, el más grande complejo deportivo popular de Cuba, el municipio alberga el Estadio Latinoamericano, conocido popularmente como «el coloso del Cerro», que con una capacidad para 55 000 espectadores es el más grande de Cuba, y el hogar del equipo más querido y odiado de la pelota cubana: Industriales, el máximo ganador histórico de la Serie Nacional de Béisbol.

En sentido general, la vida de El Cerro se encuentra atravesada por tres ejes fundamentales: el tiempo histórico de la nación, la trepidante actividad industrial y urbana que se refleja en el ritmo siempre acelerado de su gente, y la pasión deportiva. Tal como reza la primera línea de su himno, «Viejo Cerro tu historia está en tus calles».
Cojímar y la Villa Panamericana
Hacia el este de la ciudad y después de atravesar el Túnel de la Bahía, se llega al poblado de pescadores de Cojímar, una zona marítima de gran belleza escénica a solo 15 minutos de la ciudad. Surgida alrededor de un fortín español del siglo xvii, conocido como Torreón de Cojímar, esta localidad fue uno de los escenarios más encarnizados de la resistencia al invasor durante la agresión inglesa a La Habana en 1762. En ella, en sus gentes simples y candorosas, así como en las historias y creencias que dinamitan sus espacios, se inspiró el escritor Ernest Hemingway para escribir "El Viejo y el Mar", que le valdría el Premio Nobel de Literatura.

Hoy día el recuerdo de esa presencia, junto a actividades marinas como la pesca o los paseos en yate, son los principales atractivos de este discreto pero encantador poblado; sin olvidar el restaurante La Terraza, donde solía comer Hemingway con su amigo Gregorio, el capitán del Yate Pilar, con el que salía a pescar. La pequeñez de su playa, unido a su poca extensión de arena y a la agresividad de su lecho marino, imposibilita el tumultuoso desbordamiento de multitudes, lo que permite gozar de una intimidad, una placidez y una frescura espiritual que atrapa y embelesa al visitante. Factores todos que convierten este lugar en un espacio mágico, donde ficción y realidad, entre mixturas sinestésicas de colores y olores marinos, conducen al turista a imaginarse dentro de la referida novela del gigante norteamericano.

Hacia el suroeste de Cojímar se encuentra el complejo deportivo y las villas construidas en 1991 al otorgársele a La Habana la sede de los XI Juegos Panamericanos, de ahí el nombre adoptado: Villa Panamericana. Esta zona fue ocupada, tras los juegos, por las familias de los obreros que participaron en su construcción, a excepción de 2 de sus 10 manzanas, que se destinaron al turismo, formando los aparthoteles Vista al Mar y Las Brisas, que formaron un complejo junto al Hotel Panamericano. En la reformulación urbanística de estos espacios radica, precisamente, su principal atractivo: edificaciones reconfiguradas u olvidadas que le dan un aire melancólico al lugar, pero no exento de cierto encanto.
Kohly
Entre majestuosas mansiones, tupidos jardines y coloridos flamboyanes surge el reparto Kohly, la más clara expresión del estadio socio-económico final que alcanzó la aristocracia habanera antes de abandonar definitivamente el país al triunfo de la Revolución. Por sus características arquitectónicas algunos lo consideran una réplica ecléctica del Vedado, pero el ambiente agraciado y de una quietud casi monástica que se aprecia en él desmiente toda comparación.

En sus predios vivieron algunos de los hombres más ricos de Cuba durante el período republicano, como el corrupto Ministro de Educación José Alemán o el presidente del Senado Anselmo Alliegro Milá, así como potentadas personalidades como la princesa de Candriano y su esposo Camilo Ruspoly, figuras descollantes dentro de la organización fascista conocida como Camisas Negras.

Uno de los atractivos más fascinantes de esta zona es la presencia del Bosque de La Habana, una anacrónica pero bellísima franja de exuberante vegetación que atraviesa parte de la ciudad. Este bosque urbano, conocido por los habaneros por el epíteto de «pulmón de la ciudad», es el lugar de más alto valor paisajístico de la capital cubana, donde la espesa arboleda y los tenues rayos de sol que se filtran a través de ella crean una atmósfera casi mágica que ha servido, y sirve aún, de inspiración y cobijo a artistas y amantes. Junto a este el visitante tiene a su disposición los hoteles Kholy y El Bosque, que, en medio de un ambiente íntimo y acogedor, invitan a disfrutar las ventajas de alojarse en pleno centro de la ciudad, y al mismo tiempo, sentirse alejado del bullicio citadino.
La Habana Vieja
Con sus calles adoquinadas, farolas y soportales coloniales, sus distintivas fortalezas españolas y más de 900 edificaciones de interés histórico y arquitectónico, que van desde el barroco hasta el art-decó, La Habana Vieja es un espacio para la fascinación. Declarada en 1982 Patrimonio de la Humanidad por la unesco, puede entenderse como un gran museo, ya que constituye el conjunto colonial más importante del Caribe y uno de los más significativos y mejor conservados de América.

El área atesora la fortificación más vieja del continente, el Castillo de la Real Fuerza, construido entre 1558 y 1577; la única calle con adoquines de madera en Cuba; así como la mayor concentración de museos del país. Desde su porción del malecón habanero, además del Castillo de los Tres Reyes del Morro, se puede percibir en toda su majestuosidad el más ambicioso y monumental proyecto militar de España en América, la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, que paradójicamente nunca estrenaría sus cañones. Estas construcciones militares reflejan el auténtico espíritu convulso de la época colonial en el Caribe.

De igual manera, existen otras obras arquitectónicas de notables valores históricos y artísticos, entre las que destacan el Palacio de los Capitanes Generales, señalado como el máximo exponente de la arquitectura cubana del siglo XVIII, junto con la Catedral de La Habana, un ejemplo de hibridación arquitectónica sui generis: fachada barroca e interior neo-clásico. En palabras de Alejo Carpentier, la vista exterior de la Catedral es como «música en forma de piedras».

Desde su impronta vanguardista sobresale el Edificio Bacardí que, terminado en diciembre de 1930, fue la sede de la compañía ronera homónima en Cuba, y en su momento la edificación más alta de la ciudad. Por su estructura majestuosa, sus lujosos decorados interiores en mármol de Alemania, Suecia, Noruega, Italia, Francia, Bélgica y Hungría, así como por la marcada policromía, única en su estilo, representa la cumbre del art-decó cubano.

Un necesario recorrido por La Habana Vieja puede tomar como eje a la concurrida y colorida calle Obispo, ya que en sus cercanías se encuentran los principales restaurantes, bares y hoteles del área: La Bodeguita del Medio, con su ambiente bohemio y renombrada comida criolla; El Floridita, conocido como la «cuna del daiquirí», y el Hotel Ambos Mundos, dos de los sitios más frecuentados por Ernest Hemingway. Muchos de sus hostales intentan preservar a toda costa el ambiente íntimo que sugieren sus inmuebles coloniales, con sus patios centrales, pozos y balaustradas uniformes. Las calles estrechas y los edificios con sus balcones hacen posible una agradable sombra y protegen al caminante del fuerte sol tropical; consecuentemente, de las altas temperaturas, que oscilan entre 26ºc y 30ºc durante casi la totalidad del año.

Asimismo, La Habana Vieja integra, en su incomparable ritmo artístico, una variedad notable de personajes pintorescos: zanqueros, saltimbanquis, estatuas humanas, rumberos, mimos, imitadores, mulatas floreras… La gente afable y extrovertida de La Habana Vieja parece compulsada a hacer su vida en las calles, en las conversaciones espontáneas y los juegos de dominó en las esquinas, en los balcones con sus sábanas tendidas y remendadas, lo cual añade al lugar un ritmo social incomparable. En suma, el llamado «Centro Histórico» representa algo así como un resquicio entre dos tiempos, entre el pasado colonial de la nación, reflejado en su impasible arquitectura, y su presente dinámico, reconocible en la constante efusión y colorido humano de sus calles. Sin dudas, uno de los más bellos espectáculos urbanos que ofrece Cuba.
Marianao
Marianao, suburbio comercial y residencial de La Habana, con una extensión territorial de 21, 69km2, atesora una rica historia, marcada por relevantes acontecimientos de gran calado en todos los procesos socio-culturales y políticos de envergadura en el agitado panorama histórico de Cuba, que tuvieron una impronta considerable en la formación identitaria de sus barrios.

Fundado en 1719 por los monjes dominicos y agustinianos, y reconstruido luego, en 1726, tras ser destruido por un ingente incendio, su desarrollo urbano se produjo de forma anárquica, lo que influyó en ese aspecto barroco que presentan sus vecindarios, con la mixtura de estilos arquitectónicos y la disposición irregular de sus casas.

En esta localidad existe una fuerte tradición religiosa, esencialmente enfocada hacia las religiones afrocubanas, que constituye el componente esencial de su riqueza cultural. La rica policromía, el misticismo y los ritmos hipnóticos que desbordan estas creencias no solo son apreciables en los numerosos grupos folclóricos que abundan en la zona, sino también en los bailes dedicados a los «orishas» –los dioses de estas prácticas religiosas– que con frecuencia se celebran en las residencias de sus habitantes.

Uno de sus mayores atractivos, por su peculiaridad, es el Obelisco de Marianao, monumento local, llamado en sus inicios Plaza Cívica «4 de septiembre», que, dedicado a la memoria del insigne médico cubano Carlos J. Finlay, ha devenido símbolo indiscutible de la zona. Siendo una localidad de gran inclinación artística, en sus inmediaciones se concentran varios de los institutos culturales de mayor importancia en La Habana; tal es el caso de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, el más antiguo centro de su tipo en Latinoamérica, y el Conservatorio Alejandro García Caturla, uno de los más prestigiosos de la nación.

También encontramos, dentro de Ciudad Libertad, antiguo campamento militar Columbia, hoy complejo escolar, el Museo de la Alfabetización, consagrado a la epopeya de 1961 que culminó con más de 700 mil personas alfabetizadas, erradicando el analfabetismo en Cuba.

Uno de los lugares ineludibles de esta zona es el cabaret Tropicana, ubicado en el límite con Playa, uno de los más famosos en el mundo por la calidad y exotismo de sus espectáculos. Este «paraíso bajo las estrellas», según se le conoce al haber sido construido al aire libre, bajo el embrujo de la noche cubana, ha acogido en su escenario a importantes figuras nacionales e internaciones como Joséphine Baker, Bola de Nieve, Libertad Lamarque, Nat King Cole, entre otros. Todos estos factores hacen de Marianao, en esa yuxtaposición de elementos de la alta cultura y de la más sentida tradición afrocubana, uno de los lugares más idóneos para que el visitante se empape de esa mezcla cultural que identifica, y marca, la identidad cubana.
Marina Hemingway Siboney & Flores
La Marina Hemingway, a 20km del centro de la ciudad de La Habana, es la principal institución de su tipo en el país, con una capacidad para 400 navíos y la infraestructura suficiente para proporcionar el servicio de vida a bordo a más de 150 embarcaciones. Fue construida entre los años 1956 y 1957, con la intención de ser un centro marítimo de referencia nacional, y así ha sido desde entonces. Los principales servicios que brinda a las embarcaciones atracadas en sus canales son: taller de reparación, electricidad, agua, televisión por cable y reabastecimiento de combustible.

La marina lleva el nombre de uno de los grandes apasionados por Cuba, el premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway, quien además era un asiduo practicante de la pesca deportiva. Con tal motivación, la marina coordina cada año el Torneo Internacional de Pesca de la Aguja, que lleva el nombre del polémico escritor norteamericano. Además, el centro promueve otras actividades náuticas: regatas, excursiones de pesca en alta mar y excursiones en catamarán por el litoral habanero. En sus dominios comprende varios restaurantes, bares, boutiques y clubes nocturnos, además del confortable Hotel Acuario, único de la capital que funciona bajo el régimen de todo incluido. El Hotel Acuario posee una hermosa y limpia piscina con vista a los canales.

Por su parte, el cercano distrito de Siboney se conocía antes del año 1959 con el nombre de reparto Biltmore. Tradicionalmente ha sido una zona residencial de clase alta, en la que abundan las casas particulares con piscina y cómodas habitaciones, así como paladares con ofertas de comida criolla. En sus dominios se encuentra Pabexpo, el más grande recinto ferial-expositivo del país. Justo al lado de este, se encuentra el popular restaurante El Palenque, con especialidades en comidas criollas al carbón.

Finalmente, en el reparto Flores está el actual Club Habana, instalado en una hermosa mansión ecléctica construida en 1928. Antes de la llegada al poder de la Revolución en Cuba, esta residencia era la sede del exclusivo Havana Biltmore Yacht & Country Club, preferido por la burguesía del país. En la actualidad, el Club Habana cuenta con una asombrosa autonomía recreativa, ya que posee, entre otras facilidades, su propia zona de playa, piscina, canchas de tenis, bar, boutiques y un centro de belleza. En Flores también hay varias casas particulares de un adecuado servicio y cómodas instalaciones.
Miramar
El surgimiento de Miramar se remonta a las primeras décadas del pasado siglo XX, como consecuencia del movimiento migratorio hacia el oeste de las clases adineradas de la sociedad habanera de la época. Al ser una zona predominantemente residencial, el tema arquitectónico principal es el doméstico, caracterizado por la fastuosidad de las construcciones. Las primeras mansiones palaciegas se comenzaron a construir en 1918, durante el período conocido como «Danza de los Millones», que marcaba un bienestar económico inaudito para la sociedad cubana, dado el alza del precio del azúcar.

Muchas de estas edificaciones, que le aportan un aire señorial y de regia magnificencia a esta zona, funcionan en la actualidad, con el fuerte desarrollo en el sector empresarial y hotelero que ha tenido en los últimos años, como sedes diplomáticas y oficinas de firmas comerciales.

Su principal arteria, la 5ta avenida, principal muestra del gusto y de la opulencia de la burguesía republicana, está considerada una de las más bellas del país. En su proyección participó el neoyorquino John H. Duncan, quien diseñara el monumento a Grant en los Estados Unidos; de ahí que muchos arquitectos reconozcan en su trazado, y en el de las vías aledañas, las calles de Manhattan.

En sus cercanías numerosos bares y restaurantes animan, al amparo de su bello entorno y de la fresca brisa que llega del litoral marino –siempre bienvenida dado el abrasador sol de Cuba–, el día y la noche; tal es el caso de El Aljibe, un restaurante en apariencia humilde, que deslumbra a todos sus visitantes con su pollo asado, uno de los mejores del país; o de El Tocororo, siempre fascinante por sus colas de langosta.

El turista puede encontrar en esta zona, para su acomodo, algunos de los hoteles más lujosos y con mejor servicio de la ciudad, como el Meliá Habana, cuyo mayor atractivo es su piscina, la más larga y hermosa del país.

Otros lugares de interés que podemos encontrar en Miramar son la Maqueta de La Habana, una impresionante reproducción en miniatura de la capital cubana, con un área total de 18m2; y el Acuario Nacional, que, con una superficie total de 2,2 hectáreas, exhibe organismos vivos del medio marino del archipiélago cubano en sus respectivos paisajes y ecosistemas. Lugares que contribuyen a hacer de esta localidad, llamada «Ciudad Jardín» por su belleza y majestuosidad, uno de los espacios más acogedores e interesantes de la ciudad.
Naútico y Cubanacán
La zona residencial Cubanacán, ubicada en el municipio Playa, es una de las muestras más fehacientes del potencial económico que alcanzó la burguesía cubana antes del triunfo revolucionario. Los clubes, balnearios y grandes mansiones que, con una fuerte impronta norteamericana, abundan en esta zona, le aportan un aire aristocrático y distante que nada tiene que ver con la calidez de sus habitantes. Esta situación paradójica tiene su principal motivo en que, con el advenimiento de la Revolución, las viviendas de los patricios que, en desacuerdo a las nuevas políticas, abandonaron el país, se entregaron en usufructo a familias humildes de clase obrera. Unido a esta característica, típica de la Cuba posrevolucionaria, otro elemento a considerar en esta localidad son sus grandes áreas verdes, que, aunque con una distribución bastante dispersa, la dotan de un sosiego poco común en otros sitios de La Habana.

En sus inmediaciones se encuentra el reparto Náutico, que, si bien comparte muchos rasgos con Cubanacán, sobre todo urbanísticos y arquitectónicos, presenta la agradable peculiaridad de ser una zona de playa urbana, ideal para escapar del inclemente sol vespertino de la capital cubana.

El Instituto Superior de Arte, fundado en 1976, es el complejo arquitectónico más singular de esta zona, y, en palabras del reputado arquitecto Roberto Segre, el «más polémico y debatido a escala nacional e internacional del período». Diseñado por los arquitectos italianos Ricardo Porro, Vittorio Garatti y Roberto Gottardi, su construcción se efectuó sobre el otrora selecto Country Club, a instancias del Ché Guevara y Fidel Castro.

De interés, también, es el Palacio de las Convenciones, inaugurado en 1979 con motivo de la celebración de la VI Conferencia Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, que, con las más de 50 000 conferencias que acoge al año, es el centro de reuniones más importante del país. A poca distancia de este se encuentra Pabexpo, 20 000m2 de espacios exhibitorios, donde, en sus cuatro pabellones intercomunicados, se efectúan varios de los eventos nacionales e internacionales más relevantes de Cuba.

Entre los diversos hoteles de la zona, uno de los más recomendables para el acomodo del turista es el Hotel Palco, ubicado justo al lado del Palacio de las Convenciones. Este hotel ejecutivo, diseñado para ofrecer el máximo confort, tiene la ventaja de, sin estar muy alejado del centro urbano de la ciudad, ofrecer intimidad y sano descanso a sus huéspedes.
Nuevo Vedado
Con una ubicación privilegiada, tanto por su accesibilidad y función dentro del flujo urbano, como por su inusual equilibrio entre naturaleza y civilización, el área de Nuevo Vedado reviste una significancia de único tipo para la ciudad. Su nombre no podría ser más expresivo. Nuevo Vedado puede entenderse, entonces, como la expansión del Vedado. Incluye un área distintiva por su exuberante vegetación, de ahí que sea uno de los pocos lugares que, a pesar de encontrarse en el centro mismo de la ciudad, permite respirar un aire limpio y percibir el frescor proveniente del colindante Bosque de La Habana.

Los asentamientos fundamentales en la zona de Nuevo Vedado comenzaron con la década del 30 del pasado siglo, en lo que sería un nuevo intento de la clase alta capitalina por marcar sus diferencias sociales, ya que para tales propósitos la zona del Vedado resultaba insuficiente por entonces. Por esta razón, Nuevo Vedado exhibe suntuosas residencias modernas estilo chalé, muchas de las cuales funcionan en la actualidad como sedes de empresas estatales. El crecimiento se realizó a partir de la Avenida 26, una vía eficiente que bordea el río Almendares, otrora río Casiguaguas, y que, desde finales de la década de 1940, constituye el principal eje definitorio de la zona.

En 1939 se emplazó en el área el primer parque zoológico del país por las favorables condiciones naturales. Actualmente el Zoológico de 26, así se le conoce, es uno de los lugares preferidos por las familias capitalinas para sus tardes de fin de semana. Otros sitios relevantes son: el Hotel Tulipan, que ofrece sus cómodas instalaciones y sus extensos y cuidados jardines, y el Hotel Bella Habana. Por demás, sus predios incluyen una parte del Cementerio de Colón, conocido por su extraordinaria belleza y colosales dimensiones.

El área de Nuevo Vedado ofrece un fácil acceso a muchas de las principales zonas de la ciudad, así como al Aeropuerto Internacional José Martí, ya que la avenida 26 se comunica, fundamentalmente, con la calle 23, una de las principales arterias del Vedado; la Avenida de la Independencia, comúnmente llamada Avenida Boyeros; y la importante avenida Vía Blanca. Finalmente, Nuevo Vedado exhibe una paradoja atrayente: un lugar central que aparenta ser un lugar aislado. Dos palabras: naturaleza y ciudad.
Playas del Este de La Habana
El llamado «eterno verano» de Cuba, su cielo siempre azul y las altas temperaturas propician que el disfrute de las zonas de playa sea uno de sus principales atractivos turísticos. En Cuba nunca se está demasiado lejos de alguna playa ideal. De ahí que a solo 18 km del centro de La Habana comiencen las Playas del Este, que se extienden por casi 10km a través de la costa atlántica de la ciudad. Las playas que se integran a la zona son: Bacuranao, Tarará, Santa María del Mar, Boca Ciega y Guanabo. Cada una posee características que la distinguen del conjunto.

Bacuranao y Boca Ciega, que representa el destino gay de la zona, son quizás las más modesta; mientras que Tarará ostenta una importancia mayor debido a la presencia de varias villas, una zona de playa más controlada, así como de una marina pequeña que incluye además un club náutico y brinda servicios de excursiones en yate, pesca en alta mar y buceo en el arrecife coralino.

Por su parte, Santa María del Mar posee una mayor infraestructura para el turismo, a la cabeza de la cual se hallan el Hotel Blau Club Arenal, el Club Atlántico-Los Pinos, el Complejo Atlántico-Las Terrazas y el Hotel Tropicoco, todos con instalaciones confortables y buen servicio en sentido general. La zona de Guanabo ofrece una playa más rústica, con abundancia de iniciativas locales como casas de alquiler particulares en las que se hospedan cubanos y extranjeros, restaurantes y tiendas de artesanía. Santa María del Mar y Guanabo son las playas más concurridas durante julio y agosto, los meses de verano por excelencia en Cuba.

En sentido general, se puede considerar que Las Playas del Este representan el balneario más asequible para los habaneros, los cuales llegan durante todo el verano para alejarse del bullicio de la ciudad y llenan de vida a la ribera con sus sombrillas de playa llenas de colores brillantes, mesas de dominó sobre la arena y provisiones de comida para toda la familia. Se trata de un destino que ofrece sus encantos a cubanos y extranjeros. Aguas claras y azules, cielos de nubes blancas y arenas finas, calentadas a lo largo del año por el eterno sol del Caribe. Así es.
Vedado
Entre las señoriales casas representativas de la vanguardia arquitectónica del siglo XX, surge El Vedado, la cara moderna de la capital cubana. Por sus notables valores arquitectónicos y disposición urbanística representa, en palabras del notable arquitecto cubano Mario Coyula, «la pieza mayor y más importante del urbanismo republicano». Como centro neurálgico de la ciudad, en sus inmediaciones se concentran buena parte de los restaurantes, bares, centros nocturnos, cines y teatros que acogen la agitada vida nocturna habanera, llena de gente diversa.

En sus contornos se encuentran varios de los sitios más emblemáticos de la capital cubana: la Plaza de la Revolución José Martí, escenario de los principales actos políticos y acontecimientos de la Revolución Cubana; el Memorial José Martí, monumental estructura de 141 metros de alto, que constituye el punto más elevado de la ciudad; y el Cementerio de Colón, la mayor necrópolis de América, verdadero museo del arte funerario, considerado uno de los más bellos del mundo.

El Vedado también comprende la Universidad de La Habana, una de las primeras de América, fundada en 1728, con su amplia escalinata neo-clásica que incita al visitante a adentrarse en un espacio simbólico, testigo de varias de las convulsiones históricas más importantes del siglo XX cubano; y el afamado malecón habanero, que puede entenderse como «el banco más largo del mundo». Con 8km de longitud es el lugar más frecuentado por los habaneros que deseen tomar la brisa del mar y presenciar los atardeceres siempre espectaculares de La Habana.

Desde La Rampa, el corazón latente de El Vedado, puede accederse fácilmente a otros sitios de interés como la popular Heladería Coppelia, la Catedral del Helado para los cubanos, así como el Hotel Nacional de Cuba, insignia de la hotelería nacional, inaugurado en 1930. Este se ha distinguido por su elegante arquitectura ecléctica, por el servicio de excelencia y por un extenso registro de visitantes famosos, entre los que se encuentra el campeón mundial Rocky Marciano; el jugador de los Yankees, Micky Mantle; la actriz Ava Gardner, Jean Paul Sartre, Frank Sinatra, y los capos del crimen organizado Lucky Luciano y Al Capone. Con su ritmo intenso, su asfalto caliente del sol, la gente que camina en todas las direcciones posibles, y sus lugares únicos, El Vedado es una de las zonas metropolitanas más importante de la ciudad y un espacio de obligada visita.

Enfrente del Hotel Nacional está La Piragüa, (el refugio subterráneo), donde cada Sábado en las tardes varios coches y el club de motocicletas de pistón hacen lucir sus cromados clásicos relucientes.

Versalles y La Lisa
La Lisa es un municipio que, surgido a partir de la división político-administrativa realizada en el país en 1976, se considera semi-rural, dado las distantes zonas urbanas que, entre grandes áreas verdes, se encuentran diseminadas en su territorio. Ubicada en la periferia oeste de la ciudad, esta localidad alberga, en sus 37,5km2 de extensión, apenas 123 152 habitantes, lo que la sitúa como una de las zonas de menor densidad de población en toda La Habana. No obstante su lenta evolución económica y poblacional, tiene un lugar cimero en la historiografía cubana, dado su larga tradición de lucha, que se constituye como uno de los factores fundamentales de la identidad socio-cultural de sus residentes.

Tradición que se remonta a la etapa colonial temprana, donde, en sus inmediaciones, se estableció un palenque –lugar de refugio de indios y negros huidos– llamado Guanímar. Entre sus repartos sobresale Versalles, uno de los principales beneficiados con el desarrollo del polo científico hacia el oeste de la capital. En él se construyeron varias de las instalaciones de investigación científica más reputadas del país; tal es el caso del Instituto de Geofísica y Astronomía, el Centro de Investigaciones Metalúrgicas y el Centro de Investigaciones aplicadas a la Salud Carlos J. Finlay.

Uno de los elementos más interesantes de esta zona es la Universidad de las Ciencias Informáticas, conocida por su acrónimo, UCI. Este centro de estudios universitarios, localizado sobre la antigua Base Militar Lourdes, que velaba por el cumplimiento de los acuerdos de desarme nuclear tras la Crisis de Octubre, fue fundado en 2002 como parte del programa revolucionario conocido como Proyecto Futuro, que presentaba la intención de informatizar y desarrollar la industria del software en el país.

Sin embargo, la construcción más representativa de este municipio es el Puente de La Lisa, inaugurado en 1832. Este puente, construido bajo la dirección del arquitecto francés Arsenio Locorrer, representa una de las obras públicas más importantes de la época en Cuba. Entre los escasos hoteles de la localidad, una de las mejores opciones es el Hotel Bello Caribe, que, a solo 10 minutos del Aeropuerto Internacional Martí, promete una estancia placentera al visitante entre la cautivante mixtura de líneas arquitectónicas modernas y del más puro neoclasicismo colonial.
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